Nuestra espiritualidad brota del ideal franciscano y nos lleva a vivir el Evangelio desde la fraternidad, la minoridad, la pobreza, la solidaridad, la sencillez y la alegría interior. El espíritu franciscano, que configura nuestra espiritualidad según la vivencia de Ana Ravell, se puede resumir en las características siguientes:
La Virgen María es, para nosotras, modelo de seguimiento de Cristo y de conformación de la vida a la voluntad de Dios y, como nos lo recuerda la Iglesia, es aquella que después de Cristo ocupa, en la Santa Iglesia, el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros.
Como franciscanas vivimos una devoción mariana, sintiendo a la Santísima Virgen como Madre y difundiendo esta devoción en nuestras obras apostólicas. La devoción a María impulsa nuestro espíritu misionero, ya que, juntamente con María, nos unimos a la voluntad salvífica universal de Dios, al misterio redentor de su Hijo, y a la obra santificadora del Espíritu Santo.
Nuestro Instituto, desde los inicios, se ha distinguido por el espíritu misionero y anhela ahondar esta nota que llevamos explícitamente en el nombre, con nuestro testimonio de vida evangélica y fraterna, anunciando la Buena Nueva en todos nuestros apostolados. El espíritu misionero de nuestro Instituto comprende las siguientes características: